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Mostrando entradas de marzo, 2016

Cotidiano

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Guardo y olvido el blanco delantal, por horas apenas. Cierro el bolso bastante cargado que llevo y traigo conmigo a diario y, con la fatiga propia de la jornada laboral casi terminada me esfuerzo en la última sonrisa del día. Luego, espero en la esquina a Ricardo, él me buscará y llevará a casa. En la espera, no me abaten ni el smog, ni los automóviles atestados en largas filas, ni sus bocinazos, expresiones angustiadas de sus conductores, locos por llegar a destino, como yo. Aprieto mi cartera pequeña contra mi costado izquierdo, me acomodo el bolso pesado en el hombro derecho y desafío en interminables minutos, a este otro atardecer que se parece al de ayer y se repetirá mañana, apostando consumirme entre sus sombras. Mentalmente, trato de prepararme proyectando el día que viene y elaboro listas de preferencias. Pero las listas no se fijan en mi memoria, se desvanecen y, mi mente ladina me recuerda que mañana es día de cobro. “¡Mañana cobramos!” me auto-anuncio y trago saliva. Niego …

Las cuentas

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Mientras Pedro afeitaba hábilmente la barba de un cliente, Clara, su nieta mayor, controlaba el cuaderno de contabilidad de la Peluquería, tal como lo hacía cada fin de mes por encargo exclusivo de su madre. Revisaba una a una las entradas y salidas, el Debe y el Haber del negocio. Con su calculadora en la mano y mientras formulaba las cuentas, recordaba que con mucho esfuerzo, su madre y su tío le habían instalado la peluquería al abuelo en el garaje de su humilde casita, para que se entretuviese nomás.




La viudez lo había golpeado primero, y unos años más tarde, la jubilación. La soledad dura de la última etapa del camino, lo agobiaba sin resignación. La Peluquería había sido la solución más acertada para combatirla medianamente. En su recuento, a Clara los números no le daban; salía más que entraba. Ese día, por fin, la joven habría de encontrar la prueba respaldatoria del déficit. Tamaña fue su sorpresa al ver que aquel hombrecito, bien afeitado y con un perfecto corte militar se ret…

Recuerdos de Elena

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Sólo de lejos, con el lenguaje de la contemplación, la joven vestida de blanco lo había inspirado como ninguna otra. Su figura celestial le acompañaba en sus sueños, desde aquella noche en que la conociera. Era verano, y las fiestas en la Embajada se sucedían cada vez más a menudo. La exposición de óleos bucólicos de María de las Mercedes lo obligaba a asistir otra vez, pero a último momento desistió. En cambio, apenas hubo de quedarse en completa soledad, decidió expresar en rimas su apasionada admiración por la joven nívea. Se recogió en la bohardilla a la que hacía muchos años no recurría y escribió el poema más bello de su creación.
Cuando lo leyó para sí en voz alta, un frío extraño se apoderó de su alma. Claramente sintió palpitar su corazón como un potrillo retozando en la campiña. Bajó con rapidez la escalera caracol que lo separaba del mundo real, y peinó sus alborotados cabellos con maestría. Calzó su levita y presuroso, enfiló hacia la Embajada. Una alegría insospechada ganó…

Primer beso

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Mientras te miro, pienso: ¡Si supieras! . . . Fuiste el dueño de mi amor en aquel  verano de hace tantos años. Acostumbrados a corretear  por el campo de tu abuela, la amistad entre tu madre y la mía, y la consecuente con tu hermana, me habían unido a ti. Recuerdo, y sonrío. Habíamos concluido la primaria y ese año comenzábamos un nuevo ciclo. ¡Por Dios, qué orgullo! Ya nos sentíamos grandes. Ese domingo caluroso de enero fuimos al campo; ya no corríamos tanto, hacíamos juegos de ingenio y tú trajiste el de magia. Eso sí, a lo que no podíamos sustraernos, era a las escondidas,  precisamente, jugando a ellas fue cuando me robaste el primer beso, en el galpón de las herramientas, mientras tu hermana trataba de encontrar nuestros escondites. Para ti no fue nada, para mí, todo. Te amé en secreto hasta el próximo verano, y hasta el otro en el que esperaba verte otra vez. 



Pero, de premio de cumpleaños de quince, mis padres decidieron llevarme al mar. Y allá, querido mío, mi sentimiento camb…