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Mostrando entradas de febrero, 2016

El terruño y el amor

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La pampa de altura es solitaria y silenciosa, inmensa y original. Nada en ella se ha transformado grandemente desde el Terciario, salvo por la erosión del viento y de los ríos. Alguna presencia humana se puede encontrar en la serpenteante ruta de ripio y arena que atraviesa la Pampa de San Luis. Si te lo propones, puedes distinguir en la soledad alta uno que otro oasis formado por árboles ajenos, cuyos retoños, quién sabe, plantó algún inmigrante deslumbrado con esta inmensidad nuestra, que le recordó a su tierra natal. El "comechingón" natural de la región, en cambio, se conformaba con el chañar, el molle o el algarrobo criollo para recurrir a su sombra amontonada.
Me quedo mirando esta pampa de altura y me parece que la planicie está por devorarse las nubes oscuras allá, en el horizonte. Vuela entonces mi pensamiento en tamaña extensión y regreso al camino, lo veo deslizarse entre cerros de igual altura, reverdecidos por la lluvia tardía y, no tengo dudas, a lo lejos ya se d…

Ruth

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Sobre el escritorio antiguo Dejó caer su cabeza. La inapropiada luz de la lámpara Y la noche. . . Cumplieron su cometido. El escritor despertó con el nacer De la mañana, Y su poesía nació muerta. Viejo el papel, la tinta negra, Ya no escribiría. . . Ya no amaría, Desde que Ruth, se fuera.

I Claudicante ante el sueño y la borrachera, el escritor había dejado caer su cabeza sobre la destartalada mesa; lucía dormido y babeante cuando el sol ya iluminaba “El Riachuelo”. A su lado, un escrito arrugado que parecía una carta y junto a ella, unas botellas vacías. Durante la larga noche hubo de beber del  oscuro envase, del pico tal vez, para acallar lentamente la pena que le corroía el alma. Esa pena tenía un nombre: Ruth
II Sin palabras de por medio, la joven vestida de rojo lo había inspirado como ninguna otra musa celestial. Aquella casi amanecida noche de meses atrás – siempre escribía de noche – su pluma alumbró los poemas más bellos, al calor de la leña ardiente, en un crepitar de estrellitas rojo-a…

Día de San Valentín

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Ella lo veía pasar todas las tardes, con el nudo de la corbata desajustado, el cuello de la camisa desprendido, el pelo revuelto y su porta-notebook, colgado del hombro, denotando el cansancio propio del final de la jornada. Nunca lo advirtió de mañana, porque la tienda de chocolates abría seguramente más tarde que su horario de ingreso laboral.  Poco a poco, como gota que se sustrae muy lentamente de un pico mal cerrado, Emilia  lo fue incorporando a su quehacer diario. Él dejaba su automóvil en una cochera próxima, razón por la cual la muchacha lo reconocía cada día. Desde semanas atrás, la vidriera del local rebasaba de carteles anunciando el "Día de San Valentín".  Cuando llegó la fecha especialmente esperada por los enamorados y particularmente por los jóvenes, ya que por estos lares del mundo, los mayores no la habían festejado nunca, Emilia deseó fervientemente que el joven no entrara por ningún regalo. Si lo hacía, ello podría significar que su corazón pertenecía a alg…