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Mostrando entradas de julio, 2015

Tiempo

Te vi tras la reja, como cuando éramos niños: Yo te miraba tomándome de los barrotes y mi estómago se estrujaba, no sé si de las ganas de comer ese chupetín redondo y multicolor que lamías lentamente, observándome de reojo o, porque me gustaba tu pelo rubio ensortijado volando al viento de la tarde, agitado por el rodar de tu bicicleta. Ibas a la clase de inglés los martes y jueves a las seis de la tarde y pasabas por mi casa. Hoy, yo recogía unas violetas del jardín cuando te divisé, casi desde el suelo. Como si fuera ayer, te vi. Sólo que no llevabas el chupetín en tu mano, tus rizos no ondulaban en el aire que corría entre las ventanillas abiertas de tu coche, más, creo que te quedaba muy poco de ellos y yo casi no pude enderezarme porque mi ciático me jugó una mala pasada. Sin embargo, nos miramos. Y cuando pasaste supe que el hilo invisible que sujetaba nuestras memorias, seguía indemne, después de cuarenta años.
2013

Tormenta a la siesta

En 1950 vivíamos con mi familia en un pueblo de campo desarrollado gracias al ferrocarril en el que trabajaba mi padre. Aquel día, se percibía en el ambiente, olor a tierra mojada. Las nubes amenazantes, pomposas y oscuras, parecían competir en una loca carrera celestial. Me gusta la lluvia, pero más de noche que a la siesta. La tormenta se desencadenó rápidamente tras un retumbar de truenos y un centellante baile de relámpagos en el cielo. De prisa, me refugié en mi cuarto y retomé la lectura de un libro que deseaba terminar. La ventana de la habitación se abrió de golpe, empujada por una ráfaga fuerte y, la sorpresa me sobresaltó. El libro cayó de mis manos y con él algunas fotografías y papelitos de recuerdo guardados entre sus páginas. Justo, entró mi madre y me ayudó a recogerlos, alcanzándome uno que rezaba: “Te amo aunque me vaya”. Para entonces, la tormenta había tomado posesión de mi habitación, en un santiamén, mojando el piso, el libro, hasta la colcha de mi cama, arremolin…

Amor en tiempo de Independencia

En tiempos
 en que corría el año 1816, en las lejanas tierras del sur de la América hispana, el Coronel Bernabé Aráoz, hombre entusiasta de la causa de la independencia y dueño de una importante fortuna personal, gobernaba la Intendencia del Tucumán, vasto territorio que comprendía entonces, varias de las actuales provincias norteñas argentinas.
La sede de gobierno se había asentado en San Miguel del Tucumán. Precisamente, esta bonita ciudad fue la elegida para que funcionara y deliberara en ella, el  Congreso de diputados representantes de las Provincias Unidas del Río de la Plata con el cometido de declarar la independencia de España y establecer un definitivo régimen de gobierno. Era menester, pues, encontrar una casa con las comodidades suficientes, por ejemplo, una amplia sala de reuniones donde los congresales cumpliesen el mandato otorgado. La mayoría de las casas de esa época tenían una sola planta, varios patios, árboles frutales y de sombra, una huerta en el fondo y muchas flores…

Broma

Hoy es jueves de luna llena ¡Buenas noches!
Broma
Elenita vacacionaba junto a sus primas en la casa de la abuela paterna, en plena mitad del siglo XX.  Ya entrada la noche, se levantó despacito y en puntillas de pie, se dirigió a la escalera rumbo a la cocina. Nadie escucharía, menos a tales horas cuando el sueño es más profundo. Ella quería ganar la apuesta a sus primas. El miedo la hizo presa cuando escuchó un ruido abajo. Se quedó quietecita y esperó nuevamente el silencio. Nada sucedió. Llegó hasta la vieja alacena, buscó en los estantes y tomó un frasco de cerámica que contenía dulce de leche, dio media vuelta y regresó a su cama. Prontamente tuvo que ir al baño. El revoltijo que había en su pancita era terrible. Los retortijones no la dejaban dormir.
Esa mañana no se levantó. Tampoco lo hizo al día siguiente, ni en la semana. Sus padres viajaron desde la ciudad, porque el “Doctor” había aconsejado reposo y no moverla. Nadie observó la ausencia de un frasco de dulce de leche porque l…