Sin soñar un Poema. Sin conocer un lugar. Sin admirar una pintura

Del Poema "Alma venturosa"

“Al promediar la tarde de aquel día,

cuando iba mi habitual adiós a darte,

fue una vaga congoja de dejarte

lo que me hizo saber que te quería.”

De Leopoldo Lugones (1874-1938)

Poeta argentino

Aviso de "Un Cambio"

A partir de 2017, los Microrrelatos o Mini cuentos dejarán de ser una expresión en este Blog y, junto con los poemas brevísimos, también hijos de mi pluma, formarán parte de otro proyecto. Espero poder concretarlo.

Como hojas al viento

Las entradas de este Blog se publican en 2017, cada martes a la medianoche, desde la República Argentina.

Coordenadas 31°4000S 64°2600O

sábado, diciembre 27, 2014

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Aquella noche de pleno verano, entre el calor agobiante de enero y la ansiedad que generaba lo secreto y esperado, un ruido sobre el techo de chapa de la casa de mi abuela,  me sobresaltó. Di vueltas en la cama y aunque no lo deseaba, acabé  despertando, sin poder, por lo menos por un buen rato volver a dormirme. Mientras, bajo la tenue luz de una lámpara que alumbraba desde uno de los rincones de la habitación, detuve mi adormilada mirada en aquella cama, cómoda y más grande que las demás, de plaza y media, creo, y de bello bronce reluciente, que siempre correspondería a la mayor de las nietas. Con un ojo cerrado y otro semi-abierto para poder espiar, divisé a través del vidrio de la ventana que daba a la larga galería perfumada con "jazmín del país", unas sombras moviéndose.
¡Son ellos!” me dije, “¡Ya llegan!” Y con los nueve primorosos años a cuestas, vi camellos, en espaldas humanas cargadas con bolsas de juguetes, no advertí el cántaro que aún guardaba el agua que los animales no bebieron, menos los yuyitos cortados por la tarde, con ayuda de un tío bueno, ya mustios. Sólo vi paquetes y bolsas y unas sombras que se alejaban. La inocencia de la niñez me hizo ver lo que esperaba ver. Volví a la cama y con una sonrisa amplia que poco a poco fue desdibujándose de mi rostro, me dormí profundamente, hasta que el alboroto de mis hermanitos, en la mañana siguiente, me anunció que los Reyes Magos habían pasado.
2012

Versión 2014

sábado, diciembre 20, 2014

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Guillermina
Diciembre, último mes del año. Navidad. Año Nuevo. Llegan las fiestas, los compromisos, los deseos por satisfacer y las expectativas por cubrir. Sin embargo, Guillermina, aquella niña huérfana criada por su tía Margarita con escasos recursos siempre esperaba poco o nada. “Este año no habrá de ser distinto”, era el pensamiento de ella y su tía. Vivían a la vera del camino secundario que comunicaba la villa con la ciudad, más allá de las afueras, en una casita de piedra con un gran parque bien cuidado herencia de su padre. Su tía le había anunciado que no recibiría nada en estas “fiestas”, que eran pobres y no habría regalos esta Navidad. Pero, la huerfanita no perdía la esperanza. Su deseo, esta vez, era tener un oso de peluche grande como si fuera de verdad y dormir abrazada a él. Acababa de cumplir nueve años y a pesar del ambiente rígido y austero en el que había crecido era generosa, alegre y servicial. De vez en cuando su tía la halagaba con un mínimo cumplido. “Sigue así, Guillermina que algún día el cielo te recompensará”.   La niña sonreía y no le contestaba.


Luz
En la gran ciudad, Marta no daba a basto con el ajetreo que la fecha le ocasionaba. “No se debe dejar todo para el último día” pensaba, mientras trataba de estacionar el auto en la acostumbrada cochera comercial, en esa oportunidad  repleta. “Parece mentira que la gente deje todo para último momento” reprochaba. A pesar de haber ido sólo en busca de un regalo para Luz y dos o tres, para parientes que fueron invitados tardíamente, no le agradaba la situación. Ella no era así. Por el contrario era organizada y puntual, pero había querido satisfacer el último pedido de su pequeña hija.
El discurrir de un diciembre caluroso y muy convencional, le patentizaba otro fin de año convulsionado como era de esperar. Esa tarde, Luz  había quedado al cuidado de su abuela paterna y Marta podría hacer la última compra para Navidad. Restaban pocas horas para la fiesta y ella iba decidida a conseguir el peluche del Oso Yogui, intérprete del dibujo animado con el que se deleitaba su hija.
Ya en la juguetería, afortunadamente dio con Yogui. Era el tercero en una larga hilera acomodada sobre el estante de la góndola.
Al salir, ambos padres discutieron la manera en que llegarían a casa en menor tiempo, esquivando el tráfico de la congestionada ciudad para recoger el auto de Marta, decidieron viajar en la camioneta utilitaria del esposo, cargada de herramientas propias de su trabajo que, ciertamente ocupaban bastante lugar.  Para evitar la ruta principal, tomarían por una colectora secundaria.
En definitiva,  emprendieron el regreso  hacia la Villa distante unos cincuenta kilómetros de la gran ciudad con el grandote de Yogui atado sobre el montículo de hierro que llenaba la caja del vehículo. 

Cuando arribaron a la casa enorme que pensaban llenar de hijos, la abuela distrajo a Luz y anunció que todo estaba listo para recibir a los invitados.
Grande fue la sorpresa, cuando al ir ambos a buscar el osote, sólo encontraron sobre las maquinarias restos de papel, cintas de regalo y un colgajo de soga con la que Sergio lo había sujetado. Sin palabras se miraron y Marta, a punto de llorar se abrazó a su marido, reclamándole: “Lo hemos perdido por el camino, quién sabe dónde”. “No te preocupes querida,  de cualquier manera Luz tendrá otros regalos” 

Guillermina
Después de la cena, esta vez más contundente que de costumbre, Margarita y sus primas invitadas, pobres como ella, partieron a rezar a la ermita cercana. Guillermina se sentó en el umbral de la puerta de entrada para esperar los fuegos artificiales que explotarían en el cielo oscuro de la nochebuena, en un ratito más, cuando llegaran las doce.
Su tía y sus tías-primas regresaron de sus plegarias y Margarita llamó a la niña para que estuviera en la mesa presente cuando brindaran. Las campanas de la vieja capilla ubicada frente a la plaza antigua pero primorosa, comenzaron a sonar llamando a los fieles a la misa de gallo, caída casi en desuso.
“Son las doce” pensó Guillermina. “Vamos” dijo la tía, pero antes de salir, la niña se quedó mirando el cielo. Fue en ese momento cuando una de las primas de Margarita, llamó la atención sobre algo con forma de bulto al costado de la ruta que por la oscuridad de la hora no se alcanzaba a divisar. Guillermina corrió los sesenta metros que la separaban del bulto  y con inmensa alegría volvió abrazada a un oso casi tan grande como ella.
Su tía y sus primas no salían del asombro, seguramente pensaron en un milagro.
2012

Corregido en 2013

sábado, diciembre 06, 2014

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A los ocho meses de un embarazo feliz recibió la noticia del accidente de Héctor. Sin el padre de su hija, tuvo que encontrar las fuerzas que le faltaban en cualquier lugar: su hogar,  la oficina, la casa de la abuela, el departamento de mamá viuda, el consultorio de su psiquiatra y luego el más reconfortante, el de su psicóloga. Todo era menester para criar a la niña.
Afortunadamente, si bien no había superado aún la tamaña pérdida, poco a poco, pensando siempre en su hija, se había ido recuperando. Era diciembre y los cinco años que se habían diluido en el tiempo convencional no habían quitado el luto de su corazón. Esa tarde, Anabel quedaría con su abuela y ella podría salir de compras para Navidad. El centro comercial era un infierno y todavía restaban cinco días para la fiesta.  Sandra iba  decidida a conseguir un peluche enorme que remedara y reemplazara al oso bebé que la niña había visto en el zoológico y que pretendía para sí.

Recorrió galerías y el Shopping de la ciudad, pero entendió que el mejor lugar para buscar calidad y buen precio lo obtendría en el comercio de una amiga sirio-libanesa, compañera en los cercanos años de la Universidad.
Cuando entre anaqueles y góndolas dio con el peluche,  comprobó que era el único de su especie que quedada. Apretujada por los adquirentes de los juguetes más modernos, intentó llegar al fondo del salón donde había divisado al oso. Poca fortuna tuvo la ansiosa madre en ese contorneo entre personas, pretendiendo llegar a su destino ya que cuando estaba por lograrlo la mano de un hombre lo aprisionó de una de sus patas dejando perpleja a la joven.
La discusión subió tenuemente de tono en una réplica recíproca de argumentos y razones que apoyaban el derecho de cada uno sobre el “objetivo”. Ambos, estaban firmes en que cada quien lo había visto primero, pero fue inútil. Después de unos segundos de una educada confrontación, Sandra perdió la batalla. Se quedó desilusionada, sin comprender la actitud de su contrincante, mirándolo avanzar con el peluche a cuestas rumbo a la Caja para pagar su precio. De pronto, el joven  giró intempestivamente hacia la  mujer y volviéndose sobre sus pasos llegó hasta ella y le abandonó el oso entre sus brazos con cierto reproche en la mirada triste. Sandra permaneció atónita mientras él abandonaba el local comercial con apuro. Furiosa, con tal actitud que le había generado un sentimiento confuso, mezcla de pena y culpa al resultar al fin triunfante se acercó hasta su amiga quien había presenciado la escena desde el mostrador y vertió su versión. Salma le contó entonces  que conocía accidentalmente a quien le disputara el regalo de Navidad, puesto que hacía unos meses se había mudado al mismo edificio donde ella vivía. El portero le confesaría con mucha pena que aquel muchacho vivía desde comienzos de año en esa zona de la ciudad porque acababa de perder a su esposa y a su pequeño hijo de tres años en un descarrilamiento de trenes. Desesperado, alquiló un departamento después de haber permanecido  internado dos meses en un centro de recuperación psicológica.
Cuando Benjamín regresó al mostrador para recoger su porta-tarjeta que en el trajín olvidara, Sandra todavía se encontraba esperando que empaquetaran su compra en una enorme caja de color rosa con moño al tono. Al verlo llegar su corazón se encogió y acercándose al joven le ofreció sus disculpas por el histérico empeño en quedarse con el oso. Más tranquilos, entrelazaron miradas con calma y ternura recíproca. Decidieron pues, a sugerencia de Salma tomar una bebida en el Fast Food de la esquina para aclarar y conocer el origen de los impulsos dominantes de cada uno, desatados en la puja librada entre ellos. Cinco días más tarde, el hilo conductor de la vida acabaría reuniéndolos junto a sus hijos, en una particular, discreta, familiar y nueva cena de Navidad.
2012
Alguna corrección en 2013

No te duermas sin un cuento. . .by Zuni Moreno. Con la tecnología de Blogger.

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Mi Propósito


La vida nos reúne en cualquier lugar y nos cuenta historias cotidianas.

Yo las he interpretado a través de los cuentos breves y los microrrelatos.

Y, a los sentimientos que fluyen de aquéllas, los he expresado en simples poemas.

Aquí, mi trabajo, para ustedes.

Zuni Moreno

Reconocimiento II


Todas las pinturas que acompañarán las entradas de "No te duermas sin un cuento", durante 2017 pertenecen a uno de los pintores argentinos más reconocido a nivel nacional e internacional, no sólo por la calidad de sus obras sino además por su particular temática: Benito Quinquela Martín (1890-1977)

Barcos de Quinquela Martín

Barcos de Quinquela Martín

De QM

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De QM

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Reconocimiento I


Todas las pinturas que acompañan las entradas de "No te duermas sin un cuento" pertenecen a uno de los artistas rusos contemporáneos más admirado: Vladimir Volegov.

Este pintor nos acompañará durante el año 2016.

Mujeres de Volegov

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No te duermas. . .

Candela por la Paz

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Las fotografías que ilustran este Blog, son de mi cámara.

Los cuentos y poemas, de mi pluma.


Capturando la vida

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"He mirado las rosas y me he acordado de ti"

Juan Ramón Jiménez,

escritor y poeta español, (1881-1958)


Rosas, rosas

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Este Blog trae al lector también poemas y, como un árbol en flor, supone la siembra y anuncia la cosecha, mientras se deshoja la vida.

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Recogiendo los frutos

Recogiendo los frutos
Tres de mis poemas y un cuento obtuvieron el 17-11-2012, el 3er. Premio en el Concurso Internacional,"Elegidos 2012" organizado por El Instituto Cultural Latinoamericano, de Junín, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

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