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Mostrando entradas de octubre, 2014

Vacío

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Vacío

Las luces de abajo serpenteaban con la bruma del anochecer. A lo lejos, el puente iluminado sobre el ancho canal, parecía un castillo. La escasa brisa daba un respiro al calor de la tarde que moría. Azucena observaba el paisaje desde su octavo piso, sin poder precisar la longitud que la separaba de la calle, muy transitada a esa hora. Acababa de tomar su dosis de morfina y el pensamiento nublado por la medicación y la enfermedad, no lograba posicionarse en un punto concreto. Rita la observaba de atrás. Una enfermera fiel y especial que la cuidaba. La mujer, otrora anfitriona de deslumbrantes fiestas en su bonito piso, se levantó a tientas del sillón en el que se columpiaba. Apoyada sobre la baranda del florido balcón, miró el vacío, sin dimensionar su profundidad. Se inclinó más aún ante la mirada aprobadora de la enfermera. Ésta, la recordó en los comienzos de su enfermedad, rubia, esbelta, joven aún. Era una crueldad del destino que terminara así. La enferma se irguió y escrudi…

Respuesta

Él, esperaba paciente en aquel Bar donde se servía el verdadero café colombiano que cada mañana  lo hacía sentir tan bien. El diario a un costado y su agenda abierta lo acompañaban. Una música instrumental de fondo, recordaba a Piazzola y el aroma especial del lugar, mezcla de distintos olores, ofrecía un ambiente acogedor para la espera. Él le había enviado un e-mail en el que le confesaba su amor, después de largos meses de conquista tácita y virtual. Tras ello,  había llegado el día propuesto y aceptado para recibir la respuesta. Ella, se insinuaba como mujer difícil para establecer una relación con el sexo opuesto. La separación cruel que la abatiera durante mucho tiempo, seguida de un fulminante divorcio le jugaba en contra. Afortunadamente, de esa  unión no quedaba descendencia. Él, tuvo sus amoríos pero nunca se había enamorado. Ahora era distinto. No podía explicarse el embrujo que lo mantenía pendiente de cada palabra, acción o propuesta suya. Sus encuentros reales motivados …

Parada de bus

¡Buenas noches!
Parada de bus
Pasó cerca de mí como una ráfaga. Corría a tal velocidad que si fuera de mi conocimiento o amistad y quisiera alcanzarle, no lo hubiere logrado. Una estela de zozobra dejó en el aire, una impotencia inmovilizante en cada uno de los que esperábamos el minibús a metros de esa maldita esquina. Vestida de sensación, la "cosa" se metió de lleno en el encontronazo de la moto con el flamante utilitario cargado de verduras. El pobre jovencito, voló, sin casco, en una desgraciada pirueta.
2014

¡Dulces sueños!

En la Librería

El joven que atendía la fotocopiadora, tenía los ojos más tiernos que Elena, jamás había visto. Hacía dos meses, desde que se había mudado al barrio, concurría casi diariamente al lugar.

Conforme con sus escasos recursos, se acomodaba para disponer de las fotocopias que le permitirían, salir del paso en el estudio. Era un cotidiano placer reflejarse en la mirada de Juan. Comenzaron hablando de sus pueblos de origen y terminaron entonando juntos un canción rockera y popular, alentados por una cerveza escondida. Sin embargo, un mostrador siempre los separaba. Aquel sábado al mediodía, sin clientes en la librería, Elena asistió igualmente por sus copias. Esperó que se fuera el personal, pagó a Juan el trabajo y comenzó la conversación, esta vez sobre los árboles frutales de la quinta del abuelo del joven. Entre risas y relatos, un movimiento oportuno, motivó la cadenciosa caída de las fotocopias. Se apresuraron a recogerlas y, a  pocos centímetros del suelo, sus alientos y miradas se enco…

El premio

Aquella mañana, Sara estaba feliz. Acababa de comprar los pasajes de avión para hacer realidad su tan soñado viaje a Cancún. Había ahorrado desde la debacle del país en el 2002 y de su padre recibiría el premio a la buena hija que era y a la constancia que le permitió recibirse, después de tantos años de estudio. El premio eran dos mil dólares.
En abril, en Córdoba, hay muchos días grises. Ése era uno de ellos. Un aleteo de manos, quedó atrás cuando el avión comenzó a carretear por la pista. A Sara, casi le faltaba el aire y el nudo de su estómago se apretaba cada vez más, mientras el Boeing apuntaba hacia un cielo plomizo, rumbo a Santiago de Chile. Las nubes bajas le impidieron disfrutar el impresionante cruce de los Andes, que tanto le hubieron recomendado sus compañeros de trabajo. El viaje fue breve. Casi no advirtió al apuesto joven de traje azul que ocupaba el asiento contiguo. A las 9 y 30 del día siguiente partiría hacia Cancún, en el Estado de Quintana Roo, México. Abrió lentame…