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Mostrando entradas de octubre, 2013

Señoronas

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Estas seis trabajadoras que se desempeñaban en el mismo lugar, bajo las órdenes de Don Sixto eran, según la opinión del hombre, muy buenas obreras, de ley, como se jactaba.  Tenían mucho a su favor, pero también algo en contra. Gregarias por naturaleza, vivían en una especie de conventillo, todas juntas, pero a la vez cada una en su recinto, en el mismo barrio. Su principal virtud radicaba en que no les gustaba salir de noche. Sólo andaban de día. Compartían gustos comunes, por ejemplo, su vestimenta un poco suntuosa. Cuando tuviesen descendencia, criarían a sus hijos con amor y esmero. Otra característica virtuosa era que comían de todo, todo les gustaba,  lo cual significaba un problema menos para Don Sixto. Éste,  todas las mañanas hacía el acostumbrado recorrido para controlar el producto que ellas fabricaban. Siempre estaba en buenas condiciones, perfectamente diseñado y producido. Él las apreciaba mucho, hasta puede decirse que su trato hacia las trabajadoras era cariñoso. Les l…

¡Pobrecito!

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Apurada, con la neblina encima de mi cabeza, pasaba por el frente de la tienda, rumbo a mi casa. Una voz femenina y sollozante me detuvo. Agudicé mi oído y escuché: "¡Asesino! ¡Pobrecito! pobre angelito, pero si lo has matado". Angustiada y  con miedo, pero decididamente curiosa, sin nadie a la vista que me acompañase, entré. Ningún cliente. Sólo una mujer entrada en años, acuclillada sobre el piso de  antiguoparquet,  donde yacía un huntermuerto y,  completando la escena un perrocockerspaniel, de lánguidos ojos marrones que miraba interrogante a su dueña, como pretendiendo saber la causa de sus exabruptos llorosos. 2011
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Vigilante

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Muy cerca del cielo deambulaba como nutriéndose de las corrientes de aire y del sol. Era lugareño y conocía a la perfección el entorno que lo rodeaba. Podía reconocer cada recoveco del río y las sendas de las cabras perdidas en la montaña. Sabía perfectamente cuando había extraños y entonces se volvía loco. La tarde avanzaba sobre los cerros reverdecidos con la lluvia. Las formaciones geológicas propias del terciario parecían vigías de altura, sobresaliendo en la extensa pampa serrana a cientos de metros de altitud. El automóvil* de los desconocidos se detuvo, prácticamente en medio de la ruta de ripio poco transitada. El lugareño revisó la escena con su aguda mirada. Se quedó tranquilo y partió raudo hacia su morada cuando ya todo entraba en penumbras y el sol apenas se veía, recortando con sus tenues rayos el perfil de las Sierras Grandes. En el quieto silencio del atardecer, uno de los pasajeros que acababa de descender para estirar sus cansadas piernas, gritó: ¡Un cóndor! 2012
No de…

Ojos azules

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Parecíamos embelesados  perplejos, atónitos, deslumbrados, cuando nuestras miradas se cruzaron encontrándose, en esa tibia tarde de primavera. Valían la pena esos ojos, azules y seductores como pocos, que me recorrían de arriba abajo, dominándome.  No pude dar un paso.  Como clavada a la acera,  esperaba. Daba la impresión que ninguno de los dos sabría qué hacer cuando recíprocamente dejásemos de mirarnos. Ya me había dicho Clara que era atento, servicial y cariñoso y además, para rematar, complaciente. Sin embargo, inmediatamente recordé que también me dijo, que solía ser un poco testarudo, algo orgulloso y bastante independiente. No me preocuparon las opiniones. El feed-back entre los dos permaneció indemne en los escasos segundos que duró. Debo haber parecido una pobre tonta al punto que,  no fui capaz de escuchar a la empleada que me decía:" Pase, pase por favor señorita, es un Husky siberiano, no le va a hacer nada. . ." 2011
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