Sin soñar un Poema. Sin conocer un lugar. Sin admirar una pintura

Del Poema "Alma venturosa"

“Al promediar la tarde de aquel día,

cuando iba mi habitual adiós a darte,

fue una vaga congoja de dejarte

lo que me hizo saber que te quería.”

De Leopoldo Lugones (1874-1938)

Poeta argentino

Aviso de "Un Cambio"

A partir de 2017, los Microrrelatos o Mini cuentos dejarán de ser una expresión en este Blog y, junto con los poemas brevísimos, también hijos de mi pluma, formarán parte de otro proyecto. Espero poder concretarlo.

Como hojas al viento

Las entradas de este Blog se publican en 2017, cada martes a la medianoche, desde la República Argentina.

Coordenadas 31°4000S 64°2600O

sábado, septiembre 28, 2013

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Esas vacaciones habían sido un poco forzadas. Pero, el llamado del mar pudo más que nuestros desencuentros. Volviendo, entre las ciudades chilenas de  San Felipe y Los Andes, los ojos se me llenaron de verdes. El cerro a un costado y los viñedos y flores y árboles a la vera de la carretera ponían un tinte pintoresco y a la vez angustiante al viaje. Faltaba poco para llegar a Los Andes y el contraste del angosto y antiguo camino de dos carriles con las modernas autopistas y autovías que dejamos atrás, me distrajo. De pronto, me identifiqué con un cerro cubierto de cactus erguidos con sus brazos elevados hacia el cielo celeste puro, sin nubes, pidiendo, clamando, tal vez por una lluvia renovadora que no llegaba. Los maizales verdes y las parras a la espera de que sus frutos fuesen cortados para ser llevados a la mesa familiar y varias casitas de adobe me trajeron recuerdos de mi infancia y volé con mis pensamientos hasta un tiempo, también de verano, de tardecitas que se prestaban para jugar en la vereda o tomar un helado de vainilla y chocolate.
Los carteles viales de color también verde que indicaban la proximidad de Los Andes, me trajeron velozmente a este tiempo que transitaba sin transitar. A mi lado, él conducía sereno y callado, oculta su mirada tras sus anteojos oscuros que lo protegían del sol del Este, apenas asomado tras la Cordillera que se anunciaba en sus primeras estribaciones. El estar llegando a la ciudad me llenó de zozobra. Pero ya lo tenía decidido, lo había planificado todo, caminando frente al mar azul marino de un Océano Pacífico que no lo es tanto. Sí, lo había decidido, mirándome los pies hundidos en una arena limpia y gruesa Él, creería que habría entrado en alguna tienda a comprar algún souvenir o baratija y me esperaría en el auto o tomando una “Cristal” mientras leería “El Mercurio”. No le diría nada. ¿Para qué? Tantos diálogos inconclusos, tantos silencios con respuestas poco esclarecedores. No valía la pena. Nunca debió haber valido la pena. Era mejor así. Desparecer. Tomaría el primer ómnibus que me llevara a Santiago y me perdería en la gran ciudad. Sería mejor así pensaba, para afirmar mi decisión: desaparecer de su vida, desaparecer de mi vida. Crearme otra nueva con otro nombre y otro entorno. ¿La compañía? ¡Ni se me había ocurrido! Una vida de pies descalzos hundidos en la arena mirando atardeceres en el mar. Viendo como el océano se devora un sol grandote casi rojo sin ninguna pena.
Escuchando el ataque diario de las bombas que escupen las olas.
Perdiéndome en la bruma matinal que todo lo invade. Tomando un café, sin horarios, sin aprobaciones, sola, sola como estaría mi alma en ese desconocido lugar que imaginaba. Sí, una vida nueva, sin reclamos, sin reproches, repleta de poesía y literatura tierna y romántica, alejada de aquélla otra literatura, la profesional, la científica que absorbe al hombre su ser, lo niega y lo transforma en un elemento más de su realidad olvidándose su alma en el camino de tanto texto.
Una nueva vida. . . No nos habíamos detenido según mi plan en la ciudad de los Andes. Cuando me di cuenta, el camino se hacía cada vez más empinado. Y un río torrentoso a su derecha, bajo el nombre de Río Blanco se desbordaba en aguas marrones. Los cerros ya de altura sin nieve en sus picos me alertaron que el Plan “A” no funcionaría. De inmediato hurgué en mi memoria un Plan “B”. No lo encontré. Me desesperé, me sobrevino la taquicardia de la angustia, mientras él me señalaba una estrecha garganta por la que a borbotonadas se escurría el río desmadrado, otrora blanco. No había retorno. Poco más adelante un atemorizante caracol asfáltico me anunciaba que la frontera estaba cerca y con ella la vida nueva se moría. Y la de siempre volvía. El ascenso me mareó, cerré los ojos  y me dormí y soñé, soñé. . .Su voz ronca me despertó: "Ya llegamos a la Aduana, amor, hay que bajarse y hacer el trámite." No respondí, me restregué los ojos para comprender dónde estaba. No era la ciudad de Los Andes, ni Santiago, menos el lugar soñado junto al mar. Él me señaló hacia adelante y enfilamos hacia una ventanilla atendida por una empleada aduanera. Me había quedado sin voz. Pero al responder el reclamo administrativo de aquella agria mujer, un fuego interior subió desde mi estómago hasta mi garganta, calentó mis cuerdas vocales y estalló en la expresión tonta de mi respuesta. Salí de la fila. Él quedó presentando su documentación. Respiré profundo y el aire fresco de altura llenó mis pulmones. Una fuerza renovadora me impulsó desafiando el apunamiento. Lo tomé del brazo y le dije: Vamos, querido, tengo apuro por llegar a casa. . .
2010
Versión 2013


sábado, septiembre 21, 2013

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Aquella mujer, ubicada frente al gran ventanal del lobby del hotel miraba indiferente las palmeras y la gran piscina de aguas termales. Un vaso alto de Fernet con Coca-Cola, la acompañaba. De vez en cuando observaba su reloj con gesto nervioso. Pronto llamarían a cenar y sin embargo ella no tenía apetito. En cambio, un nudo emocional que recordaba historias repetidas cerraba su estómago. El sol de la tarde se había perdido tras nubes negras y encrespadas. Quedó sola. Los que estaban próximos a ella, marcharon al comedor. Pronto, optó por retirarse a su habitación para desplomarse sobre la confortable cama matrimonial. Consultó por última vez la hora. Una lágrima, la convenció: Otra vez, él le había mentido.

2011


sábado, septiembre 14, 2013

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Pasaba por la calle de la tristeza enfundado en el recuerdo de otras horas, caminaba despacio, meditabundo, extraño, perdido en el objetivo que no lograba perfilar. De pronto, vio la belleza en sus ojos; la dulzura arreboló sus mejillas y la simpleza dibujó su sonrisa, exactamente cuando sus miradas se encontraron. Sintió una débil alegría circulando sin prisa por sus venas y arterias en un suave entrar y salir de su palpitante corazón. Se detuvo. La brisa vespertina alzó su bufanda a rayas y tapó su rostro. La vida pasó a su lado y no pudo verla, menos detenerla. Apretó bajo su brazo el bastidor de madera que contenía el óleo con el retrato de una mujer y continuó su marcha implacable. Luego, cayó la noche.


2012



sábado, septiembre 07, 2013

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La joven de pelo negro y corto estaba parada a la orilla del camino junto con otros compañeros. Esperaban a alguien, un retrasado. Ellos iban en automóvil y el retrasado en moto. Todos estaban alegres comentando sobre los días que pasarían en el campamento. Llevaban dos carpas inmensas donde dormirían muy cerca de un río caudaloso que corría entre cerros verdes y húmedos. La atmósfera, se impregnaba de murmullos juveniles, de risas y planes. Un integrante se apartó del grupo y desde el medio de la carretera de ripio, gritó: “Ya llega, lo veo.”
El que arribaba era una pieza clave para el grupo ya que sería quien habría de indicar el lugar justo donde acamparían.
Cuando detuvo su moto y quitó su casco, un mechón de pelo casi rubio flotó en el viento de enero. Erguido sobre su alta estatura, alejó sus antiparras de sus ojos y el verde intenso se reflejó en ellos. La jovencita de pelo corto experimentó una emoción desconocida, un fuerte calor le subió desde su estómago y se alojó en su garganta presionando sus mejillas.
El recién llegado saludó a chicas y chicos con un beso. Cuando ella lo recibió, se incomodó y mirando su entorno, todo le dio vueltas y contestó con indiferencia.
El que parecía el jefe del grupo, compró unas gaseosas en un almacén de campo cercano que hacía las veces de parador del caminante y convidándolos a todos, dijo: “Bueno, ya debemos irnos porque si no, nos va a ganar la noche”.
Dirigiéndose al joven de la moto, le consultó:
_ ¿Podrás llevar a alguien, así vamos más cómodos en el auto?
_ Por supuesto, que venga cualquiera, contestó.
El líder miró a la joven de pelo corto y negro, señalándola para que fuese ella la acompañante, pero entre su intención y los hechos se cruzó más rápidamente una exclamación desaforada de una de las mujeres del grupo.
“Voy yo”, gritó una exuberante rubia, que no caía muy bien a varios, especialmente a la joven elegida.
El muchacho de la moto aceptó a la compañera y cargó con la rubia que se apretó fuerte a su espalda, iniciando su rol de guía.
Ella se quedó mirando cómo la moto casi se esfumaba en el camino.
Subidos y apretujados en el auto, el resto marchó detrás a toda velocidad.
Él no la había elegido esta vez.
Ella, en cambio, sí, y para siempre.
2010
Con alguna corrección en 2013


domingo, septiembre 01, 2013

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Apoyada en el muro de la costanera, miraba el ancho río marrón. Sus ojos oscuros se perdían en la lejanía de pequeñas olas que dejaba la estela de un lanchón. Su canoa de madera, pintada de rojo no se divisaba. Ésa, donde tantas noches, a la luz de la luna, recogieron juntos los espineles plateados de tanto pescado. Ahora estaba sola: sin él, sin su canoa y la saudade había cobrado vigencia.
2011



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No te duermas sin un cuento. . .by Zuni Moreno. Con la tecnología de Blogger.

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Mi Propósito


La vida nos reúne en cualquier lugar y nos cuenta historias cotidianas.

Yo las he interpretado a través de los cuentos breves y los microrrelatos.

Y, a los sentimientos que fluyen de aquéllas, los he expresado en simples poemas.

Aquí, mi trabajo, para ustedes.

Zuni Moreno

Reconocimiento II


Todas las pinturas que acompañarán las entradas de "No te duermas sin un cuento", durante 2017 pertenecen a uno de los pintores argentinos más reconocido a nivel nacional e internacional, no sólo por la calidad de sus obras sino además por su particular temática: Benito Quinquela Martín (1890-1977)

Barcos de Quinquela Martín

Barcos de Quinquela Martín

De QM

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De QM

De QM

Reconocimiento I


Todas las pinturas que acompañan las entradas de "No te duermas sin un cuento" pertenecen a uno de los artistas rusos contemporáneos más admirado: Vladimir Volegov.

Este pintor nos acompañará durante el año 2016.

Mujeres de Volegov

Mujeres de Volegov

Un regalo

No te duermas. . .

Candela por la Paz

Candela por la Paz

Quien escribe

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Zuni Moreno

Conjunción


Las fotografías que ilustran este Blog, son de mi cámara.

Los cuentos y poemas, de mi pluma.


Capturando la vida

Capturando la vida
Mi cámara y Yo

Pensamiento en rosa


"He mirado las rosas y me he acordado de ti"

Juan Ramón Jiménez,

escritor y poeta español, (1881-1958)


Rosas, rosas

Rosas, rosas
Rosas de Vladimir Volegov

Poemas en flor


Este Blog trae al lector también poemas y, como un árbol en flor, supone la siembra y anuncia la cosecha, mientras se deshoja la vida.

Escribiendo con el pensamiento desde el alma

Pintando la vida

Antigua como la humanidad misma, la Pintura, responde a un impulso innato en el hombre de comunicación.

Recogiendo los frutos

Recogiendo los frutos
Tres de mis poemas y un cuento obtuvieron el 17-11-2012, el 3er. Premio en el Concurso Internacional,"Elegidos 2012" organizado por El Instituto Cultural Latinoamericano, de Junín, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

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