Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2013

Observadora

Imagen
Los veía moverse constantemente. Algunos saltaban, otros gritaban, todos festejaban algo. No advertí motivo especial. Me convencí: festejaban la vida. Mis ojos no lograban distraerse de la escena. Sus actitudes podían pertenecer al aquí y ahora o representar ritos del pasado. Gesticulaban exageradamente, se comunicaban a través del lenguaje oral, pero a tal volumen que las palabras vibraban en el ambiente de modo no inteligible. Sus atuendos, muy coloridos, sugerían una especie de arcoiris en ostensible combinación con el entorno vital. Casi todos tenían las mismas dimensiones. De pronto, se incorporó al grupo, un integrante que llegaba retrasado. Por mi parte, intentaba concentrarme en la lectura del último libro de Haruki Murakami que acababa de comprar y que me había propuesto revisar, mientras bebía un juvenil vaso de café mocha. El resultado: “Negativo”. El recién arribado fue recibido con sonidos eufóricos. Brincaban, se abrazaban, uno se subía sobre la espalda del otro, dejando…

Viento y secreto

Mientras te miro, pienso: ¡Si supieras! . . . Fuiste el dueño de mi amor, aquel  invierno de hace tantos años. Acostumbrados a corretear  por el campo de tu abuela, la amistad con tu hermana me había unido a ti. Recuerdo, y sonrío: Habíamos concluido la primaria y ese año comenzábamos un nuevo ciclo. ¡Por Dios, qué orgullo! Ya nos sentíamos grandes. Ese domingo de invierno, fuimos al campo; ya no corríamos tanto, hacíamos juegos de ingenio y tú trajiste el de magia. Eso sí, a lo que no podíamos sustraernos, era a las escondidas. Precisamente, jugando a ellas fue cuando me robaste el primer beso, en el galpón de las herramientas, mientras tu hermana trataba de encontrar nuestros escondites. Para ti no fue nada, para mí, todo. Te amé en secreto hasta el próximo verano, en el que esperaba verte. Pero, de premio de cumpleaños _trece_ mis padres decidieron llevarme al mar. Y allá, querido mío, mi sentimiento cambió como el viento, así de rápido, como cuando llega el viento del sur y deja l…

Sorpresa

Ella lo veía pasar todas las tardes, con el nudo de la corbata desajustado, el cuello de la camisa desprendido, el pelo revuelto y su porta-notebook, colgado del hombro, denotando el cansancio propio del final de la jornada. Nunca lo advirtió de mañana, porque la tienda de chocolates abría seguramente más tarde que su horario de ingreso laboral.  Poco a poco, como gota que se sustrae muy lentamente de un pico mal cerrado, Emilia  lo fue incorporando a su quehacer diario. Él dejaba su automóvil en una cochera próxima, razón por la cual, la muchacha lo reconocía cada día.


Desde semanas atrás, la vidriera del local rebasaba de carteles anunciando el "Día de San Valentín".  Cuando llegó la fecha, especialmente esperada por los enamorados y particularmente por los jóvenes, ya que por estos lares del mundo, los mayores no la habían festejado nunca, Emilia deseó fervientemente que el joven no entrara por ningún regalo. Si lo hacía, ello podría significar que su corazón pertenecía a a…

Imposibles

Pasó a mi lado y me saludó con un triste semblante, bajando la cabeza y rozando apenas, el ala de su sombrero. Pronto, subió al carruaje que lentamente comenzó a desplazarse por  la calle anegada de tanta lluvia, salpicando con barro oscuro mi vestido de raso celeste. Dejó caer una violeta, disimuladamente, desde la ventanilla del coche y yo corrí a tomarla, justo cuando la voz áspera de mi esposo me detuvo en el intento. Acababa de terminar el horario de su función como Notario Público, y tomándome del brazo me dirigió, posesivo, hacia el tablón de madera de barco hundido, por el que ascendimos a la calesa. El cochero jaló las riendas y acompañados por el relincho jadeante de los caballos en su esfuerzo, marchamos rumbo a la casa del campo o lo que era lo mismo, mi cárcel. Atrás, quedaba él  y un sueño.
2012


Peregrino

Pasaba de paso, casi todos los días, por ese lugar, distinto, único, donde los aromas embriagaban y los sutiles sonidos adormecían. Nunca se había detenido a contemplar la belleza de las pinturas colgadas al descuido en la pared ni los colores de los tapetes púrpuras y malvas, ni menos los tapices reproduciendo sagradas figuras. Nunca había imaginado la presencia celestial del Maestro que todo justificaba. Ese día se detuvo en el dojo y escuchó su palabra. Entró en el salón y se sentó sobre la alfombra tupida. Aprendió a escuchar y a observar el Mundo. Se enamoró de la vida.

2011

En el jardín circular

Imagen
María Dolores: Nada más adecuado a su aspecto y personalidad que su nombre.
Vivía sola en el inmenso palacete mandado a construir por su abuelo a principios del siglo XX,  de marcado estilo neoclásico francés. Sólo cuando se asomaba y descansaba en el jardín circular del inmenso parque circundante a la casona, podía llegar a  advertirse una leve y fugaz sonrisa. Ella cambiaba su carácter hosco cuando el sol de la siesta iluminaba su tez transparente y blanca. No obstante su guardada historia, con amores encontrados, gustaba de recibir visitas a diario,  lo que le daba sentido a la sexta década de su vida.
Ese mechón blanco que, desde su cabeza renegrida, caía sobre su rostro generando la forma de antifaz, le daba un aire señorial, muy similar al que portaba su primo texano. Ni qué hablar del mexicano y el uruguayo. Todos llevaban la “marca” familiar. Ellos gozabande una gran capacidad de adaptación al medio, lo llevaban en la sangre, así que se habían diseminadoa lo largo y ancho de Sudam…